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Iniciación a mi tantra sexual

De fiesta existen muchos personajes bastante peculiares, desde los típico pagafantas a lo malotes de barrio, pasando por los pijitos rematados. No obstante, por lo que fauna femenina se trata encontramos tres tipos: Las facilonas, las asexuales y las espirituales.

Hace 1 mes conocí a Juliette, una de tipo espiritual. La primera noche en la disco, bailamos, muy pegados y hubo algún que otro beso, pero nada más, tan solo nuestros teléfonos.

Estuvimos en contacto durante una semana, hasta que nos volvimos a encontrar en el mismo lugar que la semana anterior. Ahí ya tuvimos un poco más de roce. Nos besamos apasionadamente durante toda la noche y nos escabullimos al aseo de mujeres para tener un affaire un poco más íntimo e intenso. Echamos uno y luego me pude correr en su boca mientras gozaba al máximo.

Después de esta noche lujuriosa, quedamos un par de días para tomar un café y un poco más hasta que ella me contó si me gustaba el sexo tántrico. Le respondí que nunca lo había practicado.

Juliette decidida, me agarró de la mano y nos condujimos a su casa, de estilo étnico. Allí me hizo desnudarme y  a explicarme un poco de que se trataba el tantra, los masajes y el sexo.

Me ordenó que me tumbara bocarriba y que me dejara llevar. Que tocara lo que quisiera y disfrutara. Mientras yo me relajaba, ella ponía música de ambiente y un poco de incienso. Para mi gusto ideal para la ocasión.

Ella …

masaje inesperado

Una noche de masaje improvisado

Siempre había sido muy reacio a registrarme en estas nuevas aplicaciones donde conocer gente. Pero aquel día, no sé, estaba especialmente curioso y deseoso por conocer a la mujer de mis sueños. Mi intención principal era, como imaginaréis, para pasar el rato. Aunque si accedía a más encuentros, ¿por qué no disfrutar de encuentros placenteros y esporádicos?

Así que entré. Me puse un pseudónimo para así evitar cruzarme en esta red con gente conocida. Una foto en la que no se me viera completamente bien, de espaldas, pero que se intuyese que un buen rato conmigo era posible pasar, que iban a estar a gusto entre mis fuertes y grandes brazos.

Me curré un buen perfil: ingeniero, con humor, que busca una relación estable (por qué no), al que le gusta la playa, adora a los perros y una velada a la luz de las velas. Me dirigí al filtro y busqué las mujeres de Barcelona que fuesen rubias entre los 28 y 35 años.

Y así fue como encontré a Sherezade. Rubia, ojos verdes, labios carnosos. El flechazo fue mutuo y no dejamos de hablar durante horas. Resultó vivir a pocas calles de mí, así que fui valiente y le pedí una cita la noche siguiente.

cita

Quedamos en un bar cercano. La reconocí por sus ojos verdes, aunque lo que más me llamó la atención de ella fue su minifalda roja que le hacían unas piernas largas de lo más bonitas.

Estuvimos durante más de 2 horas hablando

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Relax inesperado

Muchas veces había pasado por ese local nuevo que habían abierto en la calle de mi oficina.

Con mucho revoloteo de gente a la hora de comer, nunca me había parado a mirar qué podía ofrecer para atraer a tanta gente. Una tarde, después de un día tenso con el jefe y de que un cliente me gritara, salí de la oficina antes de hora. Me encendí un cigarro nada más pisar la calle. Ya había tenido suficiente por un día. No tenía ningunas ganas de volver a casa. Sólo me esperaban unas cajas de cerveza y una montaña de desorden. Lo habitual.

Ese pitillo me supo a poco. Me fumé otro mientras veía que un hombre entraba en ese negocio nuevo. “Masajes”, anunciaba el cartel. ¡Dios, sí! Un masaje me quitaría la tensión de todo el día, y del trimestre en general. Entré sin pensármelo mucho. Dentro, un montón de chicas con bata blanca arremolinadas alrededor del mostrador. Fotos de gente tumbada boca abajo en camillas inundaban las paredes, aunque la luz del local era más bien tenue, como la que esperas encontrar en un bar de copas por la noche.

Pregunté por los servicios, y me dejaron escoger a la masajista. Elegí una chica menudita, pero que tenía el pelo muy largo y rizado. Había algo en ella que me hacía desinhibirme de todo el peso que llevaba en la mente. Me llevó a una habitación con camilla, cojines y un surtido de aceites. Me quité la camisa, y mientras me estaba tumbando me dijo:

– También es necesario …

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Una aventura laboral, a dos manos

Admitámoslo, a todos nos puede la erótica de poder. ¿Quién no ha soñado en algún momento de su vida laboral con acostarse con su jefe/a? ¡Pocos pueden responder que no a esta pregunta! Se dice que el sexo y el trabajo no son una buena idea, pero si eres una escort, la perspectiva del sexo cambia y te parece un intercambio más entre dos personas.

En este caso, entre tres personas. Comenzaba a trabajar en un gran bufete de abogados con dos de los socios de la firma. Estaba de lo más emocionada por poder llevar junto a ellos uno de los casos más importante de aquel año. Pronto, me di cuenta que, entre tanta reunión y e-mail, los dos socios me miraban cualquier parte de mis senos, de mi culo o de mis labios con excesivo deseo, no es que me extrañara, yo había trabajado como masajista en un centro de masajes eroticos barcelona  y ya sabia del poder de mi cuerpo respecto a los hombres.

Lo hacían a la vez, el mirarme, sin cortarse y con ganas de que y les devolviera las miradas. Al principio, me corté; pero con el tiempo, me pareció un juego de lo más picante.

 

Encuentro en un hotel

Así que, entre despacho y bajo las mesas, les tocaba con mis piernas a ambos en la entrepierna, y no paraban de soñar con llevarme a la cama. En una de esas reuniones, los dos me lo propusieron.

Llevaban tiempo pensándolo, querían …