Una noche de masaje improvisado

masaje inesperado

Siempre había sido muy reacio a registrarme en estas nuevas aplicaciones donde conocer gente. Pero aquel día, no sé, estaba especialmente curioso y deseoso por conocer a la mujer de mis sueños. Mi intención principal era, como imaginaréis, para pasar el rato. Aunque si accedía a más encuentros, ¿por qué no disfrutar de encuentros placenteros y esporádicos?

Así que entré. Me puse un pseudónimo para así evitar cruzarme en esta red con gente conocida. Una foto en la que no se me viera completamente bien, de espaldas, pero que se intuyese que un buen rato conmigo era posible pasar, que iban a estar a gusto entre mis fuertes y grandes brazos.

Me curré un buen perfil: ingeniero, con humor, que busca una relación estable (por qué no), al que le gusta la playa, adora a los perros y una velada a la luz de las velas. Me dirigí al filtro y busqué las mujeres de Barcelona que fuesen rubias entre los 28 y 35 años.

Y así fue como encontré a Sherezade. Rubia, ojos verdes, labios carnosos. El flechazo fue mutuo y no dejamos de hablar durante horas. Resultó vivir a pocas calles de mí, así que fui valiente y le pedí una cita la noche siguiente.

cita

Quedamos en un bar cercano. La reconocí por sus ojos verdes, aunque lo que más me llamó la atención de ella fue su minifalda roja que le hacían unas piernas largas de lo más bonitas.

Estuvimos durante más de 2 horas hablando. Le conté en qué trabajo, mis aficiones, mis gustos (ahora sí, todo real). Hasta que le pregunté en qué trabajaba ella. Con una sonrisa de lo más pícara me dijo que era masajista, que trabajaba en un centro de relax al que sólo acudían hombres. Me invitó a que subiera a su casa y me mostraría sus dotes como masajista. Obviamente, yo dije que sí.

Masaje en casa

Así que subimos a su casa. Vivía sola y tenía un espacio dedicado a los masajes. Aunque ella trabajaba en un centro, también solía hacer masajes a amigos aquí.

Nada más entrar, ya la besé. Nos fundimos en un beso apasionado contra la pared. Ella me mordía las orejas, los labios y el cuello. Yo quería desnudarla pero ella me paró rápidamente para susurrarme al oído: ponte cómodo y estírate en la cama de masaje.

Se puso una bata blanca, sin nada más debajo. Me puso música relajada, de piano, e incienso afrodisíaco. Yo me dejé llevar. Sus manos comenzaron a acariciarme el pelo, haciéndome un masaje en pequeños círculos. Después, me comenzó a masajear las cervicales. Y se acercaba para besarme en la nuca.

masaje erotico

Me susurraba al oído que estaba muy excitada, pero que no me lo dejaría comprobar hasta que no acabase el masaje. Con un aceite me hizo me continuó masajeando los brazos, la espalda, seguía mi columna de los dedos. Volvió hacia mi cabeza y me cogió de las manos. Se acercó para decirme que podía meter las manos debajo de su bata y comprobar lo mucho que le estaba gustando tocarme la piel.

Estaba completamente mojada, ya no me pude contener: me levanté y la puse contra la camilla, sobre ella. La acabé de desvestir y practicamos el sexo más salvaje que podáis imaginar. Yo estaba lleno de aceite de masajes, así que con mis manos lo cogía y le acariciaba a ella el cuello, la nuca y, más tarde, las tetas.

Cuando acabamos, Sherezade se despidió de mí muy cariñosamente. Me dijo que volviese cuando quisiera a su casa. Al llegar a casa, no dejaba de pensar en la espectacular noche que había pasado junto a ella. ¿Por qué había tardado tanto en registrarme en una aplicación como ésta?