Una aventura laboral, a dos manos

Admitámoslo, a todos nos puede la erótica de poder. ¿Quién no ha soñado en algún momento de su vida laboral con acostarse con su jefe/a? ¡Pocos pueden responder que no a esta pregunta! Se dice que el sexo y el trabajo no son una buena idea, pero si eres una escort, la perspectiva del sexo cambia y te parece un intercambio más entre dos personas.

En este caso, entre tres personas. Comenzaba a trabajar en un gran bufete de abogados con dos de los socios de la firma. Estaba de lo más emocionada por poder llevar junto a ellos uno de los casos más importante de aquel año. Pronto, me di cuenta que, entre tanta reunión y e-mail, los dos socios me miraban cualquier parte de mis senos, de mi culo o de mis labios con excesivo deseo, no es que me extrañara, yo había trabajado como masajista en un centro de masajes eroticos barcelona  y ya sabia del poder de mi cuerpo respecto a los hombres.

Lo hacían a la vez, el mirarme, sin cortarse y con ganas de que y les devolviera las miradas. Al principio, me corté; pero con el tiempo, me pareció un juego de lo más picante.

 

Encuentro en un hotel

Así que, entre despacho y bajo las mesas, les tocaba con mis piernas a ambos en la entrepierna, y no paraban de soñar con llevarme a la cama. En una de esas reuniones, los dos me lo propusieron.

Llevaban tiempo pensándolo, querían hacer un trío conmigo. Me citaron esa noche en un hotel de lujo, y dimos rienda suelta a nuestra imaginación. Pajas a dos manos, mamadas a dos manos… Todo lo que os podríais imaginar, multiplicado por dos. Me hicieron sentir la mujer más deseada del mundo, y no hubo parte de mi cuerpo que no me tocasen, lamiesen o mordieran. Era su objeto de deseo desde hacía mucho tiempo y exprimieron al máximo ese momento.

Al día siguiente, todo volvió a la normalidad. Las miradas, el coqueteo y los tocamientos desaparecieron, y todo pasó a convertirse en breves momentos de despiste para poder recordar aquel encuentro. Eso sí, al final ganamos el caso. Y creo que todo fue mérito mío.